Copa Asia 2015, Fútbol, Gaza, Palestina, Saeb Jendeya

PALESTINA: DEL SUEÑO AUSTRALIANO A SER UN SIN TECHO EN EL ‘INFIERNO’ DE GAZA

IMG_0600Mientras la Copa de Asia da sus últimas bocanadas de aire en la tierra de los canguros (este sábado se jugarán el título la anfitriona Australia y Corea del Sur), Saeb Jendeya (Gaza, 1975) se esfuerza en ocultar su profunda desazón a ojos de sus cuatro vástagos. Ser el asistente técnico del equipo nacional de Palestina y haber defendido con honor la bandera de los territorios ocupados en el torneo continental por vez primera en su historia, no sirve de mucho en la práctica cuando el destino final de tu billete de vuelta es la ciudad de Gaza.

Mes y medio viviendo el sueño de toda una vida, gozando a diario del impoluto césped del Wanderers Oval, el coqueto estadio de la ciudad de Newcastle (Nueva Gales del Sur) en donde se ejercitaban, y saberse prendido en el corazón del millón y medio de compatriotas que les empujaban desde el otro lado de los 753 kilómetros de muro y alambre que les rodean para lucir su mejor versión ante Japón, Jordania e Irak, se transformó en apenas unas horas, las que duró el viaje de regreso desde Sidney, en esa pesadilla cotidiana regada de dolor, muerte y precariedades que envuelve a todos los que habitan semejante ratonera humana, convertida en el dramático epicentro de las hostilidades entre palestinos e israelíes.

Al hombre que ha vestido en más ocasiones la camisola de esta nación fantasma (70 veces) se le cayó el alma a los pies el pasado día 23 al comprobar que su casa, seriamente dañada por un misil durante los bombardeos efectuados por el ejército hebreo el pasado mes de julio sobre Gaza, se había venido completamente abajo mientras se encontraba en Australia con los Leones de Canaán.

El impacto de ver a sus tres chavales y a su hija aguardando su llegada (foto superior), rodeados por un amasijo de hierros, piedras y cascotes, sin un techo donde guarecerse, dejó al segundo de Ahmad El-Hassan mucho más tocado que cualquiera de los once tantos encajados por su selección en la histórica cita continental.

El grado de destrucción en el centro de la ciudad es tan grande y los recursos económicos tan escasos que quien fuera capitán del combinado palestino durante una década apenas alberga esperanzas de una pronta reconstrucción. Al menos, dio gracias a Alá por mantener a todos sus hijos y su esposa con vida, su mayor resquemor cada vez que el fútbol le obliga a ausentarse de su terruño, esa tierra maldita que nunca ha querido abandonar de manera definitiva por solidaridad con sus vecinos y su política de resistencia activa contra las fuerzas de ocupación hebreas.

Jendeya nunca ha empuñado un arma ni ha lanzado una sola piedra contra los soldados israelíes. Ninguna de sus dos religiones, la espiritual y la del balón, se lo permiten. Pero su pacifismo no le ha hecho inmune contra la violencia que le rodea. Meses atrás vio como un primo suyo moría víctima de los enfrentamientos entre el ejército israelí y Hamas, una guerra de guerrillas que no cesa y que mantiene en vilo y expectante a todo el que habita ese polvorín a orillas del Mediterráneo. Porque en La Franja no se vive: se corre, y cuanto más rápido, más opciones tiene uno de salvar el pellejo cuando el tableteo de las armas automáticas o el fino silbido de los misiles y cohetes quiebran con brutal estruendo una calma cogida con pinzas.

Jogadores da Palestna conseguiram participar pela primeira vez da Copa da Ásia

El balompié tampoco ha logrado fintar esa política de tierra quemada perpetua provocada por el conflicto desde que en 1967 Israel se adueñara del West Bank (Cisjordania), Gaza y Jesuralén Este con motivo de la llamada Guerra de los Seis Días. Saeb y los internacionales que residen en las áreas próximas a La Franja, pueden dar fe de ello.

En no pocas ocasiones se han visto obligados a desandar sus pasos después de que uno de los múltiples check-point israelíes que inundan la geografía palestina les impidieran seguir ruta camino de Ramallah, la capital de Cisjordania y el lugar donde se encuentra el cuartel general de la selección, para concentrarse.

De las múltiples vejaciones sufridas por los futbolistas palestinos a manos de los soldados, la peor parte se la llevó, con mucho, Mahmoud Sarsak. El mediocampista internacional fue detenido a fines de 2012 y condenado a tres años de prisión por Israel, acusado de formar parte de una célula de la Yihad Islámica.

El futbolista fue interceptado en el check-point de Eretz, cuando abandonaba Gaza para dirigirse a Cisjordania, y enviado a galeras sin juicio previo. Harto de proclamar inútilmente su inocencia, Sarsak decidió iniciar una huelga de hambre que estuvo al borde de acabar con su vida. Al límite ya de sus fuerzas, después de 96 días negándose a ingerir alimentos, el mediocampista del equipo del campo de refugiados de Balata recuperó la libertad de la que nunca debió verse privado gracias a la mediación de la FIFA y su presidente en persona, Joseph Blatter.

Ni que decir tiene que practicar el balompié hoy día en ese punto caliente del Medio Oriente es una tarea harto complicada por la carencia alarmante de instalaciones deportivas. Las últimas ofensivas hebreas, en respuesta a los ataques de Hamas sobre ciudades israelíes, dieron buena cuenta de los pocos terrenos de juego que aún presentaban unas mínimas condiciones para su uso, dejándolos en un estado similar al que quedó el domicilio del protagonista de esta historia.

Tal vez por esa imposibilidad material de ver partidos in situ, la histórica cita en Australia del combinado palestino desató la locura hasta límites insospechados en todas las poblaciones de este pequeño Estado observador no miembro de la ONU, pero muy especialmente en toda La Franja de Gaza. Cada encuentro de su equipo nacional fue una fiesta que concentró a la gente en plazas y lugares públicos, entre otras cosas porque muchos no disponen de un domicilio para poder verlos en la intimidad familiar.

FOTO: DAVID RUIZ

FOTO: DAVID RUIZ

Los televisores se convirtieron durante los diez días escasos que ha durado la aventura de los discípulos de Ahmad El-Hassan en las piezas más codiciadas dentro de una población hambrienta, en condiciones insalubres y cansada de lidiar a diario con el oficio más duro que puede tener el ser humano: sobrevivir.

Ese efecto balsámico que ha tenido la Copa de Asia en Tierra Santa sólo puede explicarse desde el hecho de que el fútbol, en Palestina, es una pasión irrefrenable de la que se habla y discute con vehemencia en los tenderetes de venta de frutas del efervescente zoco de Hebrón, en las distinguidas pastelerías de Nablus, en los mercadillos a cielo abierto de Jabaliya, en lo que queda de la mezquita de Jan Yunis, en el barrio armenio de la vieja Jerusalén o a las puertas de la mismísima iglesia de la Natividad de Belén.

Pero ya se sabe que lo bueno no dura eternamente. Lo saben bien en Gaza y también Saed Jendeya, el ídolo que regresó desde Las Antípodas en loor de multitud para ser un sin techo más.

 

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Copa Asia 2015, Emiratos Árabes, Fútbol, Omar Abdulrahman, Zidane

LA COPA DE ASIA SUCUMBE A LA MAGIA DEL ‘ZIDANE EMIRATÍ’

OMAR 6Su selección, Emiratos Árabes, no ha sido la mejor en lo que va de torneo. Nuestro protagonista ni siquiera ha logrado estrenar su casillero goleador después de tres encuentros, pero su pierna izquierda destila una fragancia tan embriagadora que resulta imposible hablar de la Copa de Asia 2015 sin citar su nombre con letras mayúsculas.

Aunque decir Omar Abdulrahman no suene precisamente a chino entre los buenos catadores de fútbol de su propio continente, en especial a los del mundo árabe, el hecho de que el torneo se esté desarrollando en Australia ha servido para que los seguidores aussies y el resto del planeta de la redonda estén descubriendo a un futbolista cuya calidad técnica y visión de juego están a la altura de los mejores actores de este deporte en su demarcación.

La progresión de este volante ofensivo de 23 años ha sido geométrica desde que apareciera en escena cuatro años atrás en Doha, siendo el más joven integrante del combinado emiratí en la anterior edición del torneo asiático. Apenas sí gozó de dos ratitos sin mayor trascendencia frente a Corea del Norte e Irán en medio de una decepcionante actuación colectiva que dejó fuera de combate a su selección a las primeras de cambio.

Todo lo contrario que en suelo oceánico, donde desde el primer momento se ha dejado sentir sobre el césped la genial batuta del menor de los tres hermanos Abdulrahman (Amer y Mohammed también son titulares), erigido ahora en el hombre orquesta de una ambiciosa selección integrada en su mayoría por una nueva hornada de talentos que ya mostrara hace poco más de un mes muy buenas hechuras en la Copa del Golfo, donde alcanzó el tercer puesto.

Precisamente Qatar, su verdugo en el torneo celebrado en Arabia Saudí, ha sido el primero en probar en Las Antípodas cómo se las gasta un Omar que no pudo ayudar a los suyos en las semifinales por culpa de una lesión muscular.  El duelo se presentaba además con el aliciente de asistir a la batalla de artistas entre el 10 qatarí, Ibrahim Khalfan, y el 10 emiratí, dos de los futbolistas más exquisitos con la pelota de la competición asiática.

Aunque el llamado Ronaldinho del Golfo golpeó primero con un fantástico golazo, el pequeño de los Abdulrahman, que empezó escorado en el lado derecho, se situó como media punta central y comenzó a frotar la lámpara de su lapicera izquierda para cambiar el signo del encuentro, que cerró con una formidable asistencia al espacio libre sobre Ali Mabkhout para que el veloz extremo emiratí pusiera el 1-4 definitivo en el luminoso.

Esa misma sociedad se alió nada más ponerse el cuero en juego en el choque frente a Bahrein para rubricar el gol más rápido en la historia de las Copas asiáticas (apenas 14 segundos). El cerebro del Al Ain recuperó la pelota tras el saque de centro, la escondió el tiempo justo hasta que Mabkhout le ganara la espalda a su marcador y entonces filtrarle por arriba el esférico con una precisión milimétrica. El delantero de Al Jazira lo controló a la perfección antes de quebrar la paridad inicial. Una auténtica obra de ingeniería.

Sus exhibiciones no cesaron ni siquiera frente a Irán, a la sazón el campeón de su grupo C tras derrotarles por la mínima con un tanto en el tiempo de descuento. La estética y pulcritud de sus controles, sus pases medidos y geniales asistencias (suma ya tres), el modo en que pisa el balón, lo esconde o se lo lleva rodeado de rivales a los que elude con regates imposibles le han valido en su tierra de acogida el apelativo de Zidane emiratí. Y no andan muy descaminados ya que, salvando las distancias, este talentazo natural en Riyadh (Arabia Saudí) que el año pasado fue catalogado por la FIFA como una de las grandes estrellas asiáticas del futuro, tiene un deje en su forma de concebir el juego bastante similar al que tenía el crack francés.

Como suele acontecer con casi todas las grandes vedettes del balompié árabe, el generoso salario que percibe en el mejor club de Emiratos (semifinalista en 2014 de la Champions) y ser el mayor ídolo de su afición, más allá de los colores que vista, han impedido que los cantos de sirena llegados desde Europa hayan conminado a Omar a dar un salto cualitativo en su carrera.

Ya en 2012 cautivó al Manchester City durante la prueba que realizó en verano, justo después de participar en los Juegos Olímpicos de Londres, recomendado por los dueños de los Citizens, a la sazón de la misma ciudad en la que el 10 derrama habitualmente su genio para el Al Ain. Empero, Omar rechazó cortésmente la oferta para firmar por cuatro años con el vigente campeón de la Premier League.

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Arsenal, Barcelona, Borussia Dortmund, Schalke 04, Hamburgo, Benfica y Málaga han recibido sucesivamente la misma respuesta durante el último año y medio, coincidiendo con la eclosión total de la perla saudí que emigró junto a toda su familia en 2007 a Abu Dhabi después de que el Al Ain le abriera las puertas de su academia y ofreciera a los suyos la nacionalidad emiratí y sus correspondientes pasaportes.

Las dos roturas de ligamentos cruzados sufridas entre 2010 y 2012 han contribuido, según dice su seleccionador, Mahdi Ali, a fortalecerle desde el punto de vista anímico y a acelerar su madurez sobre el rectángulo de juego, en el que se mueve con la soltura de un veterano curtido en mil batallas. “Es bonito que la gente se fije en ti. Para mí no es una carga ni una presión añadida. Al contrario, disfruto con ello. Pero mi objetivo en este torneo es dar lo mejor de mí para que mi equipo llegue lo más lejos posible”, decía Omar tras batir a Bahrein.

Se sabe en el punto de mira de los numerosos ojeadores que se han dado cita en suelo oceánico para calibrar el nivel de los mejores talentos del continente asiático. Pero su discurso no varía, aun sabiendo que en breve volverán a llamar incluso con más fuerza a su puerta para tratar de convencerle de que haga las maletas.

“Estoy muy cómodo en Abu Dhabi. El Al Ain me da todo lo que necesito para ser feliz y disfrutar del fútbol”. Eso sí, reconoce, no sin cierta sorna y entre risas, que si su actual seleccionador decide quedarse en Australia para dirigir una escuadra de la A-League, y le pide que se vaya con él, “no podría decirle que no”.

Abdulrahman asume con donaire el desafío de guiar los pasos de su selección, convencido de que, pese a la poca experiencia de alguno de sus miembros, él incluido, tienen fútbol más que suficiente como para seguir deleitando a la parroquia australiana y a todo aquel que se ha dejado caer por el país de los canguros para seguir de cerca la Copa asiática.

“Queremos hacer algo importante para el fútbol de Emiratos y todos sentimos que ese algo puede pasar aquí. Nos hemos puesto las semifinales como meta, pero llegar a la final y ganarla no es algo descabellado. Tenemos el nivel necesario para lograrlo. De todos modos, desde que hemos llegado sólo pensamos en el partido siguiente, en ir dando pequeños pasos para tratar de dar al final el gran paso”, asevera Amoory, apodo por el que es conocido en su patria adoptiva.

El Japón del Vasco Aguirre será, este viernes, el durísimo escollo contra el que tendrán que lidiar Omar y su tropa en busca de una plaza en semifinales. El 10 emiratí sabe que habrá de sacar a pasear todo su repertorio ante el poderoso campeón del torneo, una escuadra plagada de estrellas ya consagradas en algunos de los mejores clubes de Europa. Algo que no parece preocuparle en demasía, a tenor de sus últimas declaraciones.

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“Para mí no será un problema jugar contra Japón. Cuando más fuerte el rival, mayor el mérito nuestro si logramos eliminarlo. Cuando vienes a jugar la Copa de Asia, piensas en este tipo de partidos, que son los que hacen de esta clase de competiciones experiencias apasionantes. Además, va a ser muy motivante jugar en Sidney, en un estadio tan grande y con una atmósfera fantástica. Seguro que lo voy a disfrutar al máximo”. Palabra de crack.

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Apodos, CAN 2015, Fútbol, Guinea Ecuatorial

LA FAUNA DE LA COPA DE ÁFRICA SE VA DE CAZA A GUINEA ECUATORIAL

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FOTOS: DAVID RUIZ

Guinea Ecuatorial, esta vez en solitario (en 2012 ya organizó una CAN junto a Gabón), albergará desde el próximo sábado (hasta el 8 de febrero) la trigésima edición del torneo de selecciones más excitante y peculiar que existe, sin ningún genero de dudas, en el planeta fútbol.

La Copa de África es mucho más que una simple competición deportiva. El orgullo, la tradición y el honor de los 16 países participantes se ponen en juego con una pelota de por medio cada dos años, mal que le pese a las grandes competiciones ligueras del Viejo Continente, hartas de que la FIFA haga la vista gorda a una interminable sangría de astros africanos rumbo a sus pagos por el mes de enero cada 24 meses. La cifra, en esta ocasión, alcanza los 242 legionarios europeos, de los cuales 26 pertenecen a clubes españoles.

El panorama, además, no suele ser de lo más sugerente para las vedettes africanas ya que sólo el éxito garantiza un regreso triunfal a casa. De lo contrario, tanto el técnico como los jugadores pueden llegar a sentir la ira de sus compatriotas, terriblemente decepcionados porque su selección nacional no ha cumplido con las expectativas desatadas a priori.

En las gradas, las aficiones, a cual más exótica, rivalizarán una vez más por demostrar que no hay ninguna mejor que la suya propia haciendo de número 12. Es en ese marco de emociones, males de ojo al rival de turno y sensibilidades a flor de piel donde los sobrenombres de las distintas selecciones entran en escena. No hablamos de un simple apodo que únicamente sirve para darle un toque divertido o incluso extravagante a los participantes. Su importancia es tal que han llegado a convertirse en parte esencial del balompié en el continente negro.

Y es que, además de ser genuinos vínculos de unión entre los jugadores y su hinchada, los apelativos suelen hacen referencia también a la identidad del país, a su idioma, al carácter del equipo y a la personalidad de sus internacionales. Son, por decirlo de otro modo, el picante que hace del balompié por esos terruños un rara avis en comparación con el resto de mortales.

En África los hinchas ya no citan el nombre del país para referirse a esta o aquella selección: hacen referencia siempre a su remoquete o apodo. Así son, por ejemplo, los Diablos Rojos (Congo) quienes se enfrentarán a los Nzalang (Guinea Ecuatorial) en el duelo que abrirá el fuego del torneo en Bata, o los Syli Nationale (Guinea-Conakry) a los temidos Elefantes de Costa de Marfil. Y no hay más que decir…

Detrás de cada apodo hay una hermosa historia que suele ahondar en las virtudes o tesoros del país como forma de incentivar el espíritu de identidad nacional entre sus jugadores. Curiosamente, la gran mayoría de los sobrenombres tienen que ver con el reino animal. Leones, elefantes, águilas, tiburones, leopardos, antílopes, zorros, caballos o panteras integran la colorida fauna futbolística africana en virtud de la especie más representativa en sus respectivos territorios -a modo de símbolo nacional- o haciendo referencia al espíritu que caracteriza a un pueblo. Ahí es nada.

Como en la selva, leones y elefantes son los reyes indiscutibles del deporte rey en África. Los primeros pueden ser del Atlas (Marruecos), de la sabana (Senegal) o indomables (Camerún). El elefante, otro de los míticos Big Five (los Cinco Grandes del reino animal), es la fuente de inspiración y el símbolo nacional de marfileños y guineanos, mientras que el águila, rey de los cielos, lo es de malienses y tunecinos, aunque en el caso de los segundos, existe una referencia histórica a los célebres cartagineses, que poblaron sus tierras hace más de 2.000 años.

SIN EL VUELO DEL ‘REY’ NIGERIA

La fuerza de esos símbolos se dejará sentir sobre el césped de los cuatro estadios ecuato-guineanos (Malabo, Bata, Mongomo y Ebebiyín) en un torneo que echará en falta al vigente campeón, las Súper Águilas de Nigeria, eliminadas contra todo pronóstico en las eliminatorias por el Congo del almeriense Thievy, que regresa a una fase final de la CAN después de 15 años de ausencia. Tampoco harán acto de presencia los Faraones de Egipto, a la sazón la selección con mayor número de entorchados (7).

Sí estarán los Tiburones Azules de Cabo Verde, auténticos animadores del último certamen, el primero al que acudían, celebrado en Sudáfrica ante la imposibilidad de hacerlo en Libia, sede original que hubo de ser cambiada a causa del conflicto bélico que vivía el país cirenaico por aquel entonces. El verdugo de Camerún dos años atrás se impuso esta vez en su grupo clasificatorio a la Zambia que se proclamara campeona en la antigua colonia española en 2012.

Tampoco faltará a la cita Burkina Faso. Los Purasangres, sorprendentes finalistas de la pasada edición, volverán a la carga con su artillería pesada (Pitroipa, Alain y Bertrand Traoré, el almeriense Zongo, Bancé, Bakary Koné, Rouamba y Charles Kaboré) en un grupo asequible frente a Gabón, Congo y Guinea Ecuatorial.

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Integrantes ‘españoles’ de Guinea Ecuatorial

Los anfitriones, repletos de futbolistas nacidos y forjados en suelo español (Emilio Nsue, Belima, Iván Bolado, Balboa, Evuy, Randy, Sipo, Iván Zarandona, Rui, Juvenal, Fabiani, Kike Seno, Embela, Charly, Igor Engonga, Iban y Pablo Ganet), estarán dirigidos por Esteban Becker, un semi desconocido técnico argentino que ha hecho toda su carrera en la Península Ibérica y cuyo aval es el haber hecho campeona de África a la selección femenina ecuato-guineana hace tres años.

Para no faltar a la costumbre, la pelota echará a rodar sin un favorito claro en las apuestas, a sabiendas de que en la CAN raramente se cumplen los pronósticos. De lo que no hay duda es que será, esta vez sí, la última oportunidad de que la Costa de Marfil de Yaya Touré, mejor jugador del continente los últimos cuatro años, ponga la rúbrica a su mejor generación de futbolistas de siempre (sólo faltará Drogba, pero a cambio contarán con el nuevo citizen Wilfried Bony) con una corona que se le lleva escapando desde que perdiera por penaltis la final de 2006 ante Egipto, piedra en la que volvería a tropezar hace tres años frente a Zambia.

Mali (Seydou Keita, Wagué, Tamboura y Modibo Maiga) y Camerún (Bedimo, Nkoulou, Mbia, Choupo Moting y Aboubakar), otros dos aspirantes, serán sus duras piedras de toque en la primera fase.

Para más de un especialista en la materia, el sucesor de Nigeria saldrá del durísimo grupo que integran Ghana (Gyan, André Ayew, Wakaso, Atsu, Badu y Boye), Senegal (Sadio Mane -si su lesión se lo permite-, Sow, Demba Cisse, Mame Diouf, Ndiaye y Papa Diop) y una renacida Argelia (Brahimi, Feghouli, Ghoulam, Lacen, Belfodil, Bougherra, Mesbah, Bentaleb y Ben Slimani) tras su excelso Mundial brasileño.

Ahora bien, Black Stars, Leones de Teranga y Fennecs deberán poner toda la carne en el asador sin dilación antes de enfilar la ruta que lleva a la finalísima de Bata a través de un camino plagado de peligros, los que representa el planeta animal de la CAN.

LAS ESTRELLAS DE LA CAN 2015

GRUPO A
GUINEA ECUATORIAL: Emilio Nsue (Middlesbrough)
REP. CONGO: Delvin Ndinga (Olympiacos)
GABÓN: Pierre-Emerick Aubameyang (Borussia Dortmund)
BURKINA FASO: Jonathan Pitroïpa (Al Jazira -EAU-)

GRUPO B
ZAMBIA: Rainford Kalaba (TP Mazembe)
R.D. CONGO: Dieumerce Mbokani (Dinamo Kiev)
CABO VERDE: Ryan Mendes (Lille)
TÚNEZ: Youssef Msakni (Lakhwiya -QAT-)

GRUPO C
GHANA: Asamoah Gyan (Al Ain -EAU-)
SENEGAL: Sadio Mane (Southampton)
SUDÁFRICA: Tokelo Rantie (Bournemouth FC)
ARGELIA: Yacine Brahimi (Oporto)

GRUPO D
– COSTA DE MARFIL: Yaya Touré (Manchester City)
GUINEA: Ibrahima Traore (Borussia M’Gladbach)
CAMERÚN: Choupo Moting (Schalke 04)
MALI: Seydou Keita (Roma)

 

LOS APODOS DE LAS 16 SELECCIONES PARTICIPANTES

Ghana             • Black Stars (Estrellas Negras)
La estrella negra que luce en su bandera (sobre fondo amarillo) da nombre al equipo nacional ghanés, que empezó a ser llamado así tras ganar dos Copas de África consecutivas (1963 y 65). Además, honra el hecho de ser el primer país subsahariano en obtener su independencia (1957). Las selecciones inferiores son los Satellites.

Burkina Faso        • Les Etalons (Purasangres)
El caballo ha sido, durante siglos, el medio de transporte más utilizado en el antiguo Alto Volta.

Túnez       • Kairaouan (Las Águilas de Cartago)
La antigua ciudad de Cartago, fundada por el clan de los Bárcidas y que tuvo en jaque a Roma tras invadir Italia en el siglo III antes de Cristo, se hallaba en el actual territorio tunecino. La fuerza de sus guerreros y su tesón en la lucha son las principales virtudes de su equipo nacional.

Zambia        • Chipolopolo (Las Balas de Cobre)
Otro vocablo proveniente del swahilli que hace referencia a la época dorada del fútbol de este país, en los años 80, cuando bajo el liderazgo del hoy presidente de la Federación, Kalusha Bwalya, su selección logró dos subcampeonatos africanos y eliminó a Italia en los Juegos de Seúl, haciéndole un 4-0. El apelativo ensalza la rapidez con la que jugaban y, también, la abundancia de ese metal en sus minas.

Rep. Dem. del Congo     • Leopards (Leopardos)
La selección del antiguo Zaire recuperó en 2006 con Laurent Kabila el apodo de los tiempos del reinado del sanguinario Mobutu Sese Seko (en lugar de Simbas o Leones), cuando llegó a ser el primer país africano en participar en una fase final de la Copa del Mundo (1974). El Leopardo y no el león es, de hecho, el animal totémico del país, que incluso aparece en el escudo de su bandera, compuesto de una cabeza de leopardo enmarcada en una punta de marfil y una lanza apoyada en una piedra.

costa marfil final

Costa de Marfil     • Elephants (Los Elefantes)

El mayor de los mamíferos del reino animal era tan abundante en este país en el siglo XIX que su parte más preciada acabó formando parte de su nombre. El apelativo es, por tanto, un homenaje al gran símbolo nacional.

Argelia             • Les Fennecs (Los Zorros del Desierto)
El zorro Fennec es una especie autóctona del desierto del Sahara. Se caracterizan por su resistencia, agilidad y fiereza con sus enemigos. Todo ello les confiere una ventaja a la hora de sobrevivir en un paraje tan agreste.

Senegal     • Lions de la Teranga (Los Leones de la sabana)
La indómita fuerza del rey de la sabana senegalesa se ve reflejada en su equipo nacional, que alcanzó los cuartos de final en el Mundial de Corea y Japón 2002.

Guinea-Conakry       • Syli Nationale (Elefantes de Guinea)
Vocablo del dialecto Soussou que hace referencia al principal símbolo del país, que abunda en el noreste, y al antiguo nombre de la moneda del país.

Guinea Ecuatorial    • Nzalang Nacional (Trueno del rayo)
El término proviene de la lengua fang, etnia mayoritaria en la antigua colonia española. Hace referencia a la fuerza indómita y sobrenatural del once ecuato-guineano.

Sudáfrica                   • Bafana Bafana (Chicos Chicos)
Tradicionalmente vinculado a la población negra, el cariñoso apodo de la selección de fútbol procede del idioma Zulú, la temible tribu guerrera que dominaba en los confines del continente antes de la llegada de los Boers y de los ingleses. Se trata de un símbolo de integración racial, anti-apartheid.

Cabo Verde               • Tubarões Azuis (Tiburones Azules)
Esta especie de escualo, también llamado Tintorera (Prionace glauca), es la que más se deja ver en las aguas del archipiélago lusófono, ricas en bancos de peces.

Mali                    • Les Aigles (Las Águilas)
El águila imperial domina los cielos de esta nación del África subsahariana, una de las más pobres del planeta.

Gabón                • Azingo Nationale (Panteras negras)
La selva gabonesa es uno de los últimos refugios de este magnífico depredador, en permanente peligro de extinción.

Camerún          • Lions Indomptables (Leones indomables)
Además de ser el Big-Five dominante en su sabana, el sobrenombre del conjunto camerunés nació tras su excelente actuación en España-82, donde ni Italia, ni Perú ni Polonia no pudieron con ellos.

República del Congo            • Diables Rouges (Diablos Rojos)
Se trata de un apodo intimidatorio, puesto que el diablo suele ser negro. Está directamente relacionado con el del equipo nacional belga, a la sazón la nación que colonizó este país del África occidental. No en vano, el rojo es el color menos preponderante en su equipación (sólo llevan las medias en esa tonalidad).

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Australia, Copa de Asia 2015, Fútbol

BUSCANDO REY DE ASIA EN LAS ANTÍPODAS CON LA MAYOR ‘LEGIÓN EUROPEA’ JAMÁS VISTA

asian cup 1Cuatro años lleva aguardando Australia la hora de sacarse la dolorosa espina que les clavó el japonés Tadanari Lee en Doha. El hoy atacante del Urawa Red Diamonds privó a los Socceroos de estrenar su palmarés en la que fue su primera Copa de Asia como miembro de pleno derecho de dicha confederación, a la que se sumó en 2006.

El gigante oceánico confía ahora en ser profeta en su propio suelo de una nueva edición (del 9 al 31 de enero) que, además de ser la primera que se va a disputar lejos de su continente de origen, se perfila como la de mayor nivel de su ya larga historia, dado el elevado número de participantes que militan actualmente en clubes europeos.

Nada menos que 48 de los futbolistas que defenderán los colores de las 16 selecciones en liza actúan semanalmente en campeonatos del calibre de la Premier League, Bundesliga, Serie A, Eredivisie, Liga portuguesa, turca, belga o Premier rusa. Australia, con 13 internacionales jugando en clubes de media Europa, figura a la cabeza, seguida de cerca por Japón (10), Corea del Sur (6), Irán (5), Uzbekistán (4) e Irak (4).

La Liga BBVA será la única de las grandes competiciones domésticas del Viejo Continente que no contará con representación en el torneo asiático, aunque sí la habrá del escalón inmediatamente inferior, la Liga Adelante, por medio de los osasunistas Nekounam y Ansari Fard. Otros 21 jugadores se ganan la vida en otros países de su propio continente, mientras que dos (Tim Cahill y el iraquí Justin Azeez -conocido como Meram en los EE.UU.-) pertenecen a franquicias de la MLS yanqui.

Dicho esto, ¿qué pueden esperar los aficionados que se aventuren a cruzar el Pacífico Norte o el Índico para animar a los suyos en la tierra de los canguros? Pues en esencia, una Copa con tres claros favoritos (Australia, Japón y Corea del Sur) y al menos cuatro outsiders (Irán, Uzbekistán, Qatar y Emiratos Árabes) que andarán ojo avizor en el caso de que los anfitriones y los dos colosos del sudeste asiático no sean capaces de plasmar sobre la hierba oceánica esa teórica superioridad de sus respectivos combinados.

Jugar al calor de los suyos y contar con una experimentada escuadra que mezcla a la perfección veteranía (Cahill, Jedinak, Bresciano, Spiranovic, Franjic) con la savia nueva (Oar, Kruse, Ryan, Leckie, Davidson, Troisi, Sainsbury) coloca a los de Ange Postecoglou en el vértice de la pirámide, aún a pesar de haber caído en el grupo de la muerte, junto a otro de los grandes candidatos, Corea del Sur, y una siempre ofensiva Omán que, gobernada desde el banquillo por el francés Paul Le Guen, viene de cuajar una más que notable Copa del Golfo, donde alcanzaron el cuarto lugar.

La incontestable solidez del representante de Las Antípodas y su conjura para no dejar escapar un título que debería contribuir de forma definitiva a relanzar en todo el país el deporte de la redonda a través de su cada día más pujante A-League (donde acaba de jugar un mes David Villa), tienen como único pero la presumible fatiga que pueden acumular sus hombres clave al tener que disputar tres encuentros en tan pocos días en sedes distintas y con distancias de consideración entre una y otra (serán cinco: Brisbane, Sidney, Newcastle, Melbourne y Camberra).

Defender la corona obtenida en Qatar será un auténtico dardo envenenado para Javier Aguirre en su primera prueba de fuego al mando de los Samurai Blues. Japón es, sin lugar a dudas, el más talentoso de los aspirantes al título. Los Honda, Kagawa, Nagatomo, Kiyotake (enorme futbolista el del Hannover), Inui, Okazaki, Hasebe, Endo y demás estrellas de la escuadra del Sol Naciente garantizan goles y espectáculo, pero dejan no pocas dudas en materia defensiva. Sus despistes atrás les pasaron factura en el último Mundial, donde apenas sumaron un punto frente a Grecia.

Si el ex técnico de Espanyol, Atlético, Zaragoza y Osasuna es capaz de equilibrar su once y lograr que no se vaya de los partidos de buenas a primeras, será ciertamente difícil para sus rivales impedir que los nipones sumen su quinto entorchado continental. En lo que a calidad se refiere, nadie puede hacerles sombra.

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Corea del Sur, bajo el mando del ex mito madridista Uli Stielike, tratará de buscar las buenísimas vibraciones que dejó en 2011 con su fútbol de alta costura emulando al Barça de Guardiola.

El incombustible Ki Sung Yueng (Swansea) será el pilar de un equipo veloz y atrevido en el que Heung Min Son (Bayer Leverkusen) deberá hacer la diferencia en los metros finales. Si hay algún equipo con talento y capacidad para plantar cara a Aussies y japoneses, esos son, sin duda, los Taeguk Warriors.

Un escalón por debajo aparece Irán. El mejor representante asiático en Brasil 2014 ha encontrado el equilibrio de la mano de Carlos Queiroz. El ex técnico del Real Madrid le ha cambiado la cara al fútbol tradicionalmente anárquico del Team Melli. El rojillo Nekounam sigue siendo la brújula de los mesopotámicos, siempre con la complicidad del eficiente Andranik Teymourian. Los goles deben ser cosa de Azmoun (Rubin Kazan), Dejagah (Al Arabi -QAT-) y el peligrosísimo Gucci (Kuwait Sport Club).

Uzbekistán confía en proseguir con su escalada de resultados desde que hace cuatro años metiera la cabeza en semifinales y, poco más de uno atrás, se quedara a las puertas del que hubiera sido su primer Mundial. La evidente herencia soviética en su disciplinado estilo, perpetuada por los Akhmedov (Krasnodar), Vitaliy Denisov (Lokomotiv Moscú), Tursunov (Vorskla Poltava) o Kapadze (Aktobe), no riñe lo más mínimo con la imaginación de Jasur Khasanov, Sardor Rashidov y, sobre todo, Server Djeparov.

Con 32 primaveras, el dos veces mejor jugador continental (2008 y 2011) está ante la que seguramente sea su última gran oportunidad de guiar al once de Mirdjalal Kasimov a cotas aún inexploradas por el balompié de esta emergente república del Asia Central. Pero para ello necesitan terminar de creérselo.

Qatar, flamante campeón de la Copa del Golfo tras superar en la finalísima a Arabia Saudí (y propiciar la destitución de Juan Ramón López Caro), habrá de sacar a pasear todos esos argumentos que le han convertido en el mejor combinado asiático del pasado año en un equilibradísimo grupo junto a Irán, Emiratos Árabes y un Bahrein empeñado en tratar bien el cuero para generar buenas situaciones de gol a su killer particular, Ismail Abdulatif.

Ibrahim Khalfan (conocido como el Ronaldinho de El Golfo) sigue siendo el elemento desequilibrante de la escuadra que prepara el argelino Djamel Belmadi, bien escoltado por el carrilero Ibrahim Majed y el hábil atacante Boualem Khoukhi, la perla más preciada surgida del laboratorio que el acaudalado emirato tiene en su academia de Aspire.

Capítulo aparte merece la selección de Palestina. Los goles de Ashraf Al Fawaghra en la Challenge Cup (Copa del Desafío) ante Kyrgyzstán, Myanmar, Afganistán y Filipinas obraron el milagro de llevar a los Leones de Canaán por vez primera en su corta pero tumultuosa existencia como equipo nacional hasta la fase final del torneo continental. Todo un hito para el millón y medio de sufridos moradores de esa estrecha franja de tierra a los pies del Mediterráneo rodeada de alambres de espino, un infranqueable muro y check-points de las fuerzas de ocupación israelíes a la vera de cada población.

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FOTOS: DAVID RUIZ

Aunque nada hace suponer que su aventura en suelo australiano pueda ir más allá de la primera fase, los hombres de Ahmed Al Hassan tratarán de vender caro su pabellón ante Japón, Jordania e Irak. De lo que no hay duda es que durante los primeros diez días de competición los televisores echarán humo en los mercadillos de Ramallah, Nablus, Hebrón, Dura, Belén, Jericó, Gaza, Rafah, Jan Yunis o Jabaliya para estar al tanto de todo lo que haga o deje de hacer su equipo en un acontecimiento histórico para este diminuto Estado observador no miembro de la ONU desde noviembre de 2012.

Un stage de casi un mes en Dubai les ha puesto las pilas para salir a morder a sus enemigos desde que la pelota empiece a rodar. El entusiasmo popular, sin embargo, no ha bastado para aplacar los ecos de la polémica decisión del nuevo seleccionador de excluir de la lista de convocados a su mejor jugador, el volante chileno Roberto Kettlun, todo un ídolo en Tierra Santa, donde se le conoce por el remoquete del Messi Palestino.

Su inexplicable ausencia se ha visto mínimamente paliada por la llamada a filas del también trasandino Alexis Norambuena, que actúa como central en la Segunda división polaca (GKS Belchatow). Aún así, no quieren pasar desapercibidos.

 A NO PERDER DE VISTA…

Australia: Tommy Oar (Utrecht); Omán: Ahmed Mubarak (Al Oruba); Corea del Sur: Koo Ja-cheol (Mainz); Kuwait: Aziz Mashaan (Kuwait City).

Uzbekistán: Sardor Rashidov (Bunyodkor); China: Zheng Zhi (Guangzhou Evergrande); Corea del Norte: Cha Jong-hyok (FC Wil); Arabia Saudí: Naif Hazazi (Al Shabab).

Qatar: Ibrahim Khalfan (Al Sadd); Irán: Reza Ghoochannejhad, Gucci (Al Kuwait); Emiratos A.U.: Omar Abdulrahman (Al Ain); Bahrein: Ismail Abdulatif (Muharraq).

Japón: Hiroshi Kiyotake (Hannover 96); Jordania: Odai Al-Saify (Al Salmiya); Irak: Justin Azeez (Columbus Crew); Palestina: Ashraf Al Fawaghra (Al Faisal).

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