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PAUNOVIC: EL ‘GURÚ’ QUE TIRÓ DE LAS REDES SOCIALES PARA HACER CAMPEÓN A SERBIA

IMG_6352“Tenemos 21 leones que juegan al fútbol con sus corazones y que lo dejan absolutamente todo sobre el césped. Siempre confiamos, siempre creemos”. Veljko Paunovic no se cansa de alabar en cuanto tiene ocasión a la selección sub 20 de Serbia, a la sazón su joven tropa de cachorros a la que ha estado más de dos años adiestrando tanto dentro como fuera del rectángulo de juego. En lo deportivo, los resultados hablan por sí solos: semifinalistas en el Europeo sub 19 del pasado año sin perder un solo partido (cayeron ante Portugal en la tanda de penaltis) y campeones del Mundial juvenil, recién disputado en Nueva Zelanda.

La poderosa Brasil fue el último y complicado escollo de los Orlici (Pequeñas Águilas) rumbo al mayor hito en la historia reciente del balompié serbio, en su primera participación en el citado torneo tras el desmembramiento de Yugoslavia y su posterior separación de Montenegro.

Inteligente, culto, inquieto y siempre presto a coger la maleta para actualizar sus conocimientos como estratega, el que fuera atacante de un buen puñado de equipos españoles (Atlético, Mallorca, Oviedo, Tenerife, Marbella, Almería y Getafe) ha conseguido dar una vuelta de tuerca al uso de la tecnología en aras de mejorar las prestaciones de sus pupilos en esta su ópera prima en los banquillos.

Pauno entiende que fortalecer hasta el infinito los lazos del grupo, como le enseñaron su padre, Blagoje, y sus compatriotas Radomir Antic o Bora Milutinovic, es una condición indispensable para poder aspirar al éxito. Con semejante objetivo en el horizonte, el de Strumica ha diseñado su propia hoja de ruta aprovechando su afición por la informática y las redes sociales. Es precisamente este último campo el que más ha ayudado al seleccionador sub 20 serbio a solidificar entre sus jugadores el todos a una que inmortalizó Lope de Vega.

Facebook, Twitter o Google+ son las plataformas que acostumbra a utilizar para bombardearles de forma constante con información referente a partidos, vídeos con acciones concretas para que las analicen y comenten, entrevistas, propuesta de debates online sobre sus propias actuaciones con sus clubes o preguntas de diversa índole con el objetivo de estimular sus conocimientos y también el intelecto.

“Internet y las redes sociales nos permiten seguir juntos aunque no lo estemos físicamente. Complementa y fortalece el trabajo de campo que hacemos cuando nos concentramos o, como en Nueva Zelanda, hemos convivido durante bastantes días. Es una pasada porque nos ayuda a estar unidos en tiempo real con los teléfonos móviles o la tablet. Y da lo mismo que yo esté en Madrid (donde reside), Veljkovic en Londres o Zivkovic en Belgrado. Tratamos de estimularles con actividades divertidas, fotos, dibujos o gráficos, y su respuesta hasta ahora ha sido excelente. Todos participan y se lo pasan muy bien. Estas técnicas nos ayudan a tener al grupo enchufado y a hacerlo crecer desde la distancia. Además, los chicos de hoy en día pasan muchas horas enganchados a Twitter o Facebook, así que ¿por qué no aprovecharlo en beneficio del equipo?”, explica el propio Paunovic a FQEELT.

Como si de un avezado community manager se tratara, esta suerte de Steve Jobs de los banquillos no para un segundo de darle vueltas a su disco duro tratando de inventar junto a su cuerpo técnico (Marko Mitrovic, Milan Kosanovic, Petar Milcanovic, Nikola Leposavic y Aleksandar Saric) acciones que incentiven el apetito competitivo de sus chicos, pero al mismo tiempo que contribuyan a cincelar su educación en el plano de la cultura deportiva.

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Una de esas acciones, que terminó por convertirse en una especie de catalizador motivacional del equipo, es una infografía que muestra un simpático submarino de color rojo (como el uniforme serbio) que dispara balones en lugar de torpedos, con Pauno y parte de su staff técnico al mando. Los jugadores ocupan el resto de la nave a modo de tripulación y dos de sus ayudantes aparecen ataviados con trajes de neopreno ejerciendo de exploradores en el agua. El jefe de los marineros lo actualizaba después de cada victoria cambiando la bandera del barco que acaban de hundir y que aparece en el fondo de ese mar imaginario creado para la ambientación.

Ni que decir tiene que los jóvenes talentos a sus órdenes no tardaban un segundo en tuitearlo o colgarlo en sus perfiles personales de facebook, paso previo a su viralización en las redes sociales del país balcánico, casi siempre acompañado de algún mensaje o lema ensalzando los valores que guían a este grupo de irreductibles Orlici.

Pese a su perfil innovador en lo tecnológico, el ex internacional balcánico es un romántico del balompié y de su rica historia. Es por ello que otro de sus objetivos es el de animar a sus futbolistas a empaparse del deporte que practican y que, para la mayoría, es ya el medio con el que se ganan la vida. Para lograrlo y, de paso, entretenerlos durante las numerosas concentraciones que han realizado estos tres últimos años en el espectacular centro deportivo que la Federación Serbia tiene desde 2011 en la localidad de Stara Pazova (el mejor de Europa del Este y uno de los mejores de todo el continente), Paunovic se sacó de la manga el trivijalna football (fútbol-trivial). Un divertido juego con preguntas agrupadas en cinco campos: Historia del Fútbol; Táctica; Grandes Nombres; Reglas del juego y Cifras y récords.

“Creo que esta es la actividad favorita del grupo. Lo pasamos en grande y, al mismo tiempo, nos ayuda a conocer mejor el fútbol. Las preguntas las buscamos los miembros del cuerpo técnico y después nos juntamos todos en el auditorio para el concurso. Se forman equipos y… que gane el mejor”, apunta entre risas un Paunovic que, como el resto de ayudantes, empezaron a dejarse barba al inicio del Mundial “a petición de nuestro portero y capitán, Rajkovic, mientras siguiéramos pasando rondas”.

Además del aspecto lúdico de este original trivial, el joven preparador consigue que sus hombres se familiaricen con numerosos conceptos teóricos que posteriormente podrían tener que aplicar en la práctica. Pero también que conozcan al detalle las normas por las que se rige el juego, “algo que no está al alcance de mucha gente que lo practica o habla sobre él. Me parece importantísimo que el jugador conozca bien el reglamento, con sus matices y puntualizaciones, que a veces pueden inducirnos al error si no las sabes. Con este juego intentamos poner los puntos sobre las íes para que luego, cuando estén en la cancha, lo tengan claro”.

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FOTOS: DAVID RUIZ

Tecnologías y juegos recreativos al margen, Paunovic se enorgullece por encima de todo de haber tenido a sus órdenes a la que quizás sea la mejor camada de futbolistas serbios de la presente centuria. Algunos de ellos empiezan a sonar con fuerza en las agendas de clubes de pedigrí, caso del interior zurdo a banda cambiada Andrija Zivkovic (Partizan), objeto de deseo últimamente de la Real Sociedad; el portero y capitán Predrag Rajkovic (Estrella Roja), auténtico líder del equipo; el medio defensivo Sergej Milinkovic-Savic (Racing Genk); el lateral zurdo Nemanja Antonov (OFK); el cerebro Nemanja Maksimovic (Astana) o el enganche Filip Jankovic, que la última temporada ha jugado en el Catania.

Todos aspiran a seguir los pasos del zaguero Milos Veljkovic, que hace un par de años dio ya el salto al fútbol inglés fichando por el Tottenham. Una cantera en plena efervescencia, la balcánica, que ha vuelto a ponerse el mundo por montera como ya hicieran los Suker, Boban, Prosinecki, Jarni o Mijatovic en Chile-87 representando a la extinta Yugoslavia. Un éxito el logrado en Las Antípodas que, a buen seguro, Paunovic incluirá en su próxima versión del trivial.

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Fútbol, Rafa Benítez, Real Madrid, St. Bridget

BENÍTEZ: UN CAMPEÓN DE EUROPA QUE VOLVIÓ A SER ‘COCINERO’ PARA DIRIGIR AL ST. BRIDGET

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FOTOS: DAVID RUIZ

Como cualquier técnico de élite forjado en el fútbol base, Rafa Benítez fue cocinero antes que fraile. Mucho antes de conquistar la Champions con el Liverpool, dos Ligas y una Copa UEFA con el Valencia, o el Mundial de Clubes con el Inter de Milán, el nuevo jefe del banquillo madridista comenzó a quemar etapas camino de su sueño dorado guiando los pasos del juvenil B del Castilla en la vieja Fábrica.
Han pasado 29 años y aquel sesudo e infatigable entrenador de la casa, siempre con un ordenador portátil a cuestas, ha sido capaz de cerrar ese círculo aplicando con éxito su metodología de trabajo en lugares tan dispares como el Nuevo José Zorrilla, el Francisco De La Hera, el Heliodoro Rodríguez López, Mestalla, Anfield, San Siro, Stamford Bridge, San Paolo… y el St. Bridget. Su interminable pasión por el deporte que le ganó para los restos cuando era un renacuajo le llevó a protagonizar, hace ahora cuatro años, un singular y poco conocido episodio que le devolvió durante unos meses a aquellos tiempos pretéritos en la antigua Ciudad Deportiva blanca, en los que muy a menudo desempeñaba más labores docentes que de técnico propiamente dicho.

 

El largo período de inactividad que pasó entre su salida del Inter y el aterrizaje de emergencia en el Chelsea alteró notoriamente su ritmo vital, y también el de su mujer y sus hijas, que al fin pudieron disfrutar de su presencia de manera continuada durante casi dos años. Incapaz de quedarse un minuto quieto en la espectacular residencia que los Benítez poseen en Caldy, a 40 minutos en coche de Liverpool (con unas vistas de ensueño de la desembocadura del río Dee y el Mar de Irlanda), Rafa lo probó todo en busca de alguna actividad que colmara su apetito en el tiempo libre que le dejaban sus obligaciones familiares.

Pero ni el curso de fotografía que realizó, ni los largos paseos con Red (uno de sus cuatro perros), ni salir a correr cada mañana, ni las partidas de ajedrez (su otra gran pasión), de billar o de futbolín que echaba de vez en cuando con algún amigo que le visitaba, lograron paliar mínimamente los efectos de esa droga que llega a ser para un entrenador el banquillo, por más que a veces llegue a producirle descargas eléctricas.

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“¡Claro que se echa de menos entrenar! Al principio te viene hasta bien parar, porque te relajas, te sacas el estrés y vas haciendo cosas que antes no podías. Pero poco a poco quieres ponerte otra vez en marcha, estar en el campo y dirigir entrenamientos”. Rafa me hizo semejante confesión cuando visité su torre de marfil inglesa en aquellas largas jornadas sumido en una sala de espera virtual, aguardando a que una escuadra de campanillas volviese a lanzarle al ruedo.

Su inefable condición de técnico las 24 horas pudo más porque, como confesaba con esa simpática mueca suya de uomo irriducibile, “a veces te pasan cosas curiosas, como ponerte a organizar los cuchillos y los tenedores a tu mujer y acabar formando con ellos un 4-3-3 o un 4-2-3-1. Al final, te acaba echando de la cocina y te dice, ‘vete ya de aquí, a ver si te contrata alguien”. Entonces, decidió dar un paso que difícilmente se plantearía otro entrenador de su misma condición: ofrecer sus servicios para dirigir a un equipo de niños en el colegio Saint Bridget’s, en el vecino pueblo de West Kirby, donde cursaba estudios su hija pequeña.

“Venía siempre a buscar a Ágata y vi que alguna vez entrenaban por allí. Entonces pedí permiso al director de la escuela y luego a los entrenadores, que son dos padres. Y estaban encantados. Así que de vez en cuando te acercas, les ayudas en el entrenamiento, comentas con ellos algún detalle de cómo organizar la sesión o qué hacer para lograr objetivos, y luego trasladarlo a los partidos”, me contó mientras pisábamos el tupido green sobre el que el flamante entrenador del Real Madrid volvió a ejercer de cocinero para alimentar los sueños de su manada de imberbes peloteros.

La espontaneidad y sencillez de sus jóvenes pupilos cautivaron de inmediato a un Benítez que esperaba como agua de mayo la llegada de cada viernes para volver a colgarse el silbato. “Lo que más me llama la atención es el respeto de estos niños, cómo te escuchan y cómo te preguntan, cosas a las que ya no estabas acostumbrado porque el fútbol profesional no tiene nada que ver. Y luego, en los partidos, la pasión con la que los viven y la inocencia con la que los afrontan, que creo aquí en Inglaterra es aún mayor”.

Mientras hacía jueguitos con un esférico, Rafa me explicaba cuáles eran las consignas que les daba. “Depende de la edad, porque unos son de 9 años y otros de 11, y hay diferencia técnica y de capacidad para asimilar conceptos. Pero básicamente pasar y moverse, pasar y apoyar siempre, y estar a disposición del compañero para que puedan tener una cierta continuidad cuando tienen el balón”. Al preguntarle cómo les había ido en la liga, Benítez tiró de su habitual sencillez. “Bien. Se consiguieron buenos resultados, pero no le doy importancia a eso porque mi experiencia me dice que con el objetivo de ganar lo que pierdes es que el chaval progrese y mejore más de cara al futuro”.

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Una verdad a medias porque, como todo hijo de vecino, Benítez siempre quiere subir a lo más alto del podio antes que ocupar los cajones de abajo. Y sus ex pupilos, aunque no fueran de cuna madridista, también. La anécdota que reveló Rafa a renglón seguido no dejaba lugar a la duda. “Normalmente no iba a sus partidos, pero un sábado que estaba por casa, me pasé a verlos. Me coloqué en una esquina, para que no me vieran. Al descanso perdían 3-0 a causa de tres acciones idénticas: saque de banda largo, un chico muy alto que prolongaba hacia atrás, y gol. Uno de los padres se me acercó al descanso y me dijo que los chicos estaban llorando en el vestuario, frustrados por no saber cómo parar al grandullón, y que si no me importaba entrar al vestuario para calmarles. Les expliqué en la pizarra tres o cuatro cositas para tratar de bloquearle. Por suerte, la táctica funcionó y el partido acabó 3-4 para el Saint Bridget’s. Al acabar, todos vinieron a donde estaba para abrazarme y darme las gracias. Fue un momento mágico”.

La manita de Rafa, eso sí, estuvo cerca de costarle cara al Saint Bridget’s. “El otro equipo se quejó al árbitro de que tenían un entrenador profesional, pero les dije que yo simplemente era el padre de un alumno del colegio”.
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Asia, Emigración, Fútbol, Mundial 2022, oriundos, Qatar

LOS ‘ORIUNDOS’ DE QATAR TAMBIÉN JUGARÁN SU MUNDIAL

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Andri Syahputra FOTOS: DAVID RUIZ

Qatar lleva ya casi un quinquenio modelando, sin prisa pero sin pausa, a un buen puñado de adolescentes de diferentes edades con la idea de que se conviertan en el tendón y el músculo del equipo nacional que les represente en la aún lejana cita mundialista de 2022, de la cual serán organizadores.

Si bien el jeque Jasim bin Hamad Al Thani, hermano mayor del actual emir (Tamim) y hombre clave en todo lo referente al deporte rey de ese país, tiene muy claro quién ha de ser la persona encargada de guiar los pasos de la selección grana en esa primera Copa del Mundo en suelo árabe (Pep Guardiola), la composición de la escuadra que recaerá en manos del técnico de Santpedor es de momento una incógnita que sólo empezará a despejarse claramente a partir del año 2020.

La academia Aspire es el brazo ejecutor de un proyecto a largo plazo cuyo objetivo no es otro que lograr que Qatar dé la talla en su Mundial alcanzando, como mínimo, la segunda ronda del primer torneo de estas características que se celebrará en el invierno occidental. Pequeños triunfos, como la consecución a fines del pasado año del título asiático juvenil, demuestran a las claras que la metodología de trabajo implantada en los últimos años por Iván Bravo, el director general del mayor y más sofisticado centro de alto rendimiento deportivo del planeta, y Roberto Olabe, máximo responsable de la parcela balompédica, empieza a dar sus frutos y, de paso, convierte en algo plausible el lema con el que se fundó en 2004 este imponente oasis de la actividad física en mitad del desierto más rico del globo terráqueo: “Aspire today, inspire tomorrow” (Aspire hoy, inspira el mañana).

Empero, el mayor enemigo de los gestores españoles de Aspire a la hora de confeccionar los diferentes equipos de categorías inferiores radica en el reducido número de habitantes nativos que tiene este emirato de bolsillo anclado en el corazón del Medio Oriente. Con un censo global superior a los dos millones de personas, la población qatarí ni siquiera supera los 300.000 súbditos (un 12%). El resto se reparte entre los trabajadores de diferente índole, país y condición llegados a Doha durante las dos últimas décadas, atraídos por las múltiples oportunidades laborales que oferta una nación rica en petróleo y gas natural.

Esa pertinaz escasez de lugareños tiene su particular reflejo negativo en el apartado deportivo y, muy especialmente, en el fútbol. El potencial vivero local del que puede nutrirse Aspire es demasiado pequeño. Además y a diferencia del balonmano, donde la normativa internacional permitió a su selección, dirigida por el español Valero Rivera, fichar hasta a nueve foráneos para defender sus colores en el reciente Mundial disputado en Doha, la FIFA se encargó años atrás de tomar las medidas oportunas para evitar que países con una capacidad económica importante se dedicasen a ofrecer cantidades obscenas de dinero a cracks internacionales para que lucieran sus colores sin haber disputado un solo minuto en la liga local.

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Sendos obstáculos han obligado a los mentores de la academia a fijar sus ojos en un sector de la población que no para de crecer: el de los hijos de los emigrantes asiáticos. Llegados a tierras qataríes a muy temprana edad, cuando no nacidos directamente en sus propios hospitales, estos chavales empiezan a copar cada vez más plazas en el fútbol base qatarí, en no pocos casos por su mayor destreza y calidad con la pelota en los pies con respecto a los talentos nativos.

Andri Syahputra es, quizás, el ejemplo más significativo de esa tendencia que poco a poco se está apoderando de Aspire y que amenaza con colonizar el once que defienda el pabellón qatarí allá por 2022. Este brillante volante ofensivo de origen indonesio es la estrella indiscutible del equipo sub 16. Natural de Yakarta, aterrizó en Doha junto a sus padres cuando apenas contaba con tres añitos buscando un futuro mejor. Y lo encontraron. De hecho, sus progenitores trabajan en una petrolera en Al Khor, a las afueras de la capital. Por suerte para ellos, el inmenso talento con la redonda de Andri les ha quitado de encima un quebradero de cabeza: la academia se ha hecho cargo de la educación del chaval, que vive por y para su hobbie favorito en la residencia del espectacular complejo deportivo.

Syahputra no necesita llevar el brazalete de su equipo para ser el auténtico líder del grupo. Su evolución geométrica en lo futbolístico tiene encandilados a sus técnicos, que ven ya en él un futurible del equipo nacional con vistas a su Mundial. Obviamente, Andri podría elegir defender los colores de Indonesia, pero esa opción se antoja poco probable dado lo feliz que es el chaval en su país adoptivo y las buenas condiciones en las que vive su familia en Qatar.

“Estoy muy a gusto aquí. ¿El Mundial? Sería un sueño poder jugarlo. Es algo en lo que no he pensado hasta ahora, pero desde luego estaría encantado”, reconoce Andri pocos minutos después de hacerle un roto a la defensa del Beijing Guan, equipo invitado por Aspire para evaluar sobre el manto verde los progresos de sus alumnos más aventajados.

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En lo que sí lleva tiempo fijándose este aprendiz de pelotero es en las maniobras de evasión imposibles de Andrés Iniesta, su ídolo y modelo. “Me fascina verle jugar. A veces trato de imitar sus regates, pero no me salen como a él, claro (risas). Soy un gran admirador suyo y también del juego del Barça, del ’tiqui-taca”, apunta antes de confesarnos los dos campeonatos que más le gusta ver por televisión.

“La Liga y la Premier. Son los mejores con mucha diferencia respecto al resto. ¿Jugar allí? Ojalá suceda algún día. Sería lo máximo”, cierra mientras sus padres y su hermano mayor, que acaban de asistir, documentar y filmar su última exhibición, dibujan una sonrisa de oreja a oreja.

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