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VALENTINO ACUÑA, EL MESSI QUE DESCUBRIÓ ALEX DE LA IGLESIA

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FOTOS: DAVID RUIZ

Valentino Acuña tiene madera de crack. De ello se dio cuenta rápidamente Alex de la Iglesia. El director de cine vasco lo ‘descubrió’ hace un par de años mientras rodaba en Rosario escenas para el film ‘Messi, la película’, que recorre los diferentes episodios en la vida del mejor futbolista del planeta y que trata de explicar cómo aquel menudo crío que apenas levantaba medio palmo del suelo ha sido capaz de convertirse en el referente ineludible del balompié planetario.

Estrella indiscutible de la ‘línea A’ de prealevines de la escuela Malvinas Argentinas (la misma de la que salió La Pulga), Valentino tiene 9 años, juega de extremo izquierdo, es tremendamente hábil y zurdo, amén de tener un cuerpito casi indetectable para los defensas contrarios. Demasiadas coincidencias con el extraterrestre del Barça como para que el cineasta bilbaíno las obviara cuando se puso a buscarle un doble para emular sobre la canchita de fútbol 7 las vertiginosas galopadas de su etapa en las inferiores del Newell’s Old Boys.

De la Iglesia contaba con dos actores-niño, Valentín Rodríguez (interpreta a Messi con seis años) y Juan Ignacio Martínez, ‘fichados’ en Buenos Aires para interpretar al protagonista en el documetraje. Aunque el segundo tenía buenas hechuras con la pelota en los pies, carecía del desparpajo messiánico para moverse por el campo de juego. Además, era diestro. Así que decidió realizar un casting relámpago con chavales santafesinos para ejercer de especialista en la cancha rodando las escenas de los partidos. Más de 300 niños pasaron por el tamiz del director español hasta que el brutal talento de Valentino se cruzó ante sus ojos y lo fichó sin pestañear.

“A mí me llamó el psicólogo de Malvinas, Gabriel Cuadra, y me contó que estaban buscando niños de una determinada edad y estatura para la película. Tenían que ser zurdos y hábiles con la pelota. Pidieron vídeos de mi hijo y lo llamaron para hacer una prueba. Acabó haciendo varias y finalmente lo cogieron para doblar a Messi. Se puede imaginar la sorpresa que nos llevamos en casa”, rememora Gustavo Acuña, el padre de la criatura.

Aunque fue el club quien le adelantó que su hijo había sido el elegido para doblar al alumno más ilustre de la factoría rojinegra, Gustavo prefirió mantenerlo unos días en secreto hasta que fuera oficial y que el chaval no se llevara un disgusto monumental. “No le dije nada ni a él ni al resto de mi familia hasta que me lo confirmaron desde PromoFilm, la productora de Buenos Aires. Cuando se lo conté, no paraba de preguntarme qué tendría que hacer en el rodaje. Era su única preocupación”.

Como sucedía con el Messi genuino, Valentino era el más pequeño de los 21 integrantes de la cantera rojinegra que tomaron parte activa en la grabación del film, pero a su vez el más talentoso, motivo por el cual milita una categoría por encima de su edad casi desde que ingresara en el semillero de Newell’s procedente del Bancaria, club en el que comenzó su idilio con la redonda a los tres añitos. El menor de los cuatro hermanos Acuña (todos ellos futbolistas) no sólo se asemeja a su ídolo máximo dentro del rectángulo de juego: su extrema timidez y nula verborrea recuerdan a aquel genio embotado en el torso de un microbio. “Lo pasé bien. Fue muy lindo hacer de Messi”, acierta a decirnos en una primera andanada con voz casi inaudible.

Durante los dos días que duró el rodaje en suelo rosarino, Alex de la Iglesia y su extenso equipo se deleitaron con la clase de un Valentino que recuerda las consignas que le daba el ‘técnico-director’. “Me pedía que hiciera jueguitos con la pelota y que le pegara bajo”. Su idolatría por el flamante Balón de Oro azulgrana no tarda en aflorar al confesar que “tengo la mochila y la cartuchera de Leo. Cuando juega el Barça, siempre me fijo en él. Trato de imitarle”.

La falta de salero del pibe hace que su padre tome rápidamente el relevo en la charla para relatar la jugada ‘tonta’ que echó por tierra una parte del metraje acumulado por el equipo de producción hispano-argentino. “Le pidieron a Valentino una jugada de gol, pero el chico que hacía de arquero, contra lo previsto, atajó su remate. Entonces se escuchó un grito del director, algo contrariado: ‘Díganle al portero que no ataje’, dijo. Y se tuvo que volver a rodar”.

Los Acuña saben que tienen un diamante en bruto en casa. Sin embargo, a imagen y semejanza de lo que hicieron los Messi con Leo, se niegan a alimentar las expectativas de Valentino pese a que su capacidad goleadora empieza a cobrar velocidad a ritmo geométrico. “Ya sabe que lo primero es estudiar. Luego viene el fútbolSus exhibiciones han ido en aumento en la campaña recién concluida en el hemisferio austral. Sea como fuere, los estratosféricos 234 tantos que su ídolo firmó durante su paso por la cantera de Newell’s continúan siendo palabras mayores.

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